El Sí británico a una salida de la Unión Europea (UE) es una fuerte bofetada para Merkel, Schäuble, Gabriel, Juncker, Schulz & Co, es decir, para todos los servidores de la mafia de banqueros e inversionistas. La mayoría en el tercer país más grande de la UE ya no quiere saber nada más de la UE. En especial los trabajadores dependientes, los desempleados y los sindicatos no pueden esperar nada de esta UE. Ésta tiene que ser otra razón para construir una Europa desde abajo, una Europa de la democracia y la solidaridad.

Sin embargo, a los principales representantes de la UE sólo se les ocurren tres cosas en esta nueva situación: Militarización. Expansión del euro. Dar un escarmiento. Son precisamente estas posiciones las que agravan la crisis de la UE, y las que provocan que más millones le den la espalda a la UE.

Militarización El 29 de junio, pocos días después del referéndum sobre el Brexit, los 27 países de lo que queda de la UE discutieron el nuevo documento estratégico de Federica Mogherini, la alta representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, en el que se nombre como “objetivo lejano” una “unión conjunta europea para la seguridad y la defensa”. Tal “unión” sólo puede existir con un ejército de la UE. Después de haber estado militarmente activos ya en “30 misiones conjuntas en tres continentes”, esta orientación debe “seguirse desarrollando paso a paso”. Lo que aprendemos: el dinero escasea para la integración de los refugiados, no así para la militarización de la UE. Lo que provoca que haya más refugiados y, así, más argumentos para la militarización. Tan sólo la acción militar que el ejército federal alemán ha realizado hasta ahora en Afganistán se ha engullido, según cálculos del Instituto Alemán de Investigación Económica, “entre 20 mil y 45 mil millones de euros”.

Expansión de la eurozona Cuatro días después del referéndum británico el periódico Frankfurter Allgemeine Zeitung publicaba en primera plana: “Juncker quiere aprovechar el Brexit para la implementación completa del euro”. El presidente de la Comisión Europea afirmó que ahora quiere hacer todo lo posible para ponerle fin a la ‘UE con divisas múltiples’ que ha existido hasta ahora”. En un nuevo plan de diez puntos del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) se exige un “procedimiento más rápido para lograr la unión económica y monetaria”, así como “más Europa”. La UE se arroga el derecho de representar a “Europa”, en tanto que –incluso antes del Brexit–, con 508 millones de habitantes, sólo representaba aproximadamente al 60 por ciento de la población europea, de 820 millones de personas. La división continúa: 19 de los 28 miembros de la UE forman parte de la eurozona. Sin embargo, 9 insisten en conservar sus propias monedas. La “moneda unitaria”, a su vez, causa una doble división: primero, entre los países del euro y los del resto de la UE. Y, segundo, dentro de la zona euro, entre el centro y la periferia.

Dar un escarmiento Inmediatamente después del Sí al Brexit el eurodiputado por el Partido Democrático Liberal (FDP) Alexander Graf Lambsdorff, en representación de una gran parte de la clase política, demandó que no hubiera ahora “complacencia para con los británicos”. El vicecanciller Sigmar Gabriel, del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), afirmó que las negociaciones con Gran Bretaña no “debían ser aplazadas”. En Bruselas se dice que de lo que se trata es de darles un escarmiento a los británicos, para “no darles nuevos impulsos a los opositores de Europa en otros países miembro”.

Y están deliberando en Bruselas y Londres si no se debería ignorar el Sí al Brexit, o si sería mejor apostarle a un segundo referéndum. Eso suena conocido. En 1992 los daneses le dijeron que No al Tratado de Maastricht. En 2001 y 2008 hubo dos No irlandeses, primero al Tratado de Niza y luego al de Lisboa. En 2005 hubo un No francés y otro neerlandés a la Constitución Europea. ¿Pero cómo reaccionó entonces en cada caso la UE? Se tiró a la basura el proyecto de Constitución y en lugar de eso se promulgó un Tratado de Lisboa que decía básicamente lo mismo que el proyecto constitucional. Los daneses y los irlandeses tuvieron que seguir votando hasta que el resultado fue adecuado (para los de arriba). Hace exactamente un año se dio en Grecia el No al dictado de austeridad de la UE. “¡Imposible!”, se dijo en Bruselas. De inmediato se les dio un escarmiento a los griegos, se ejecutó un brutal chantaje y Syriza fue forzado a seguir el curso de los acreedores (ver columna a la derecha).

También hoy las reacciones de muchos políticos de la UE tienen como objetivo modificar el referéndum británico. El procedimiento (Artículo 50; Tratado de la Unión Europea) está muy claro: según establece, se deberá esperar hasta que el país miembro de la UE afectado “comunique” oficialmente la salida –de parte del gobierno–. Después “la Unión negocia con ese Estado un tratado sobre los detalles de su salida”. Para ello hay un plazo de “dos años después de la […] mencionada “comunicación”. La palabra y el espíritu del Tratado de la UE indican que hay que dejarse tiempo para poner en práctica la salida. La razón resulta clara: se debe evitar que se produzcan daños innecesarios para ambas partes.

FactCheck:EUROPA considera que el Sí al Brexit es otro indicio de la cada vez más profunda crisis de la UE. Nos pronunciamos en contra de toda política que quiera dar escarmientos. Por lo demás: por muy profunda que sea la cesura con el voto por el “Leave”, no cambia nada esencial respecto de dos puntos: en primer lugar, Gran Bretaña permanecerá en la OTAN, junto con los demás Estados de la UE; la UE y la OTAN continuarán su guerra contra Rusia, entre otras. En segundo lugar, los bancos más grandes del mundo seguirán teniendo en el centro de Londres sus centrales de dinero sucio. Desde ahí controlan la zona financiera más desregularizada del mundo occidental. Europa está dominada por los grandes bancos y consorcios. Y aquí si es correcto el término “Europa”.

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